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“Quererse no tiene horarios, ni fecha en el calendario cuando las ganas se juntan” cantaba Julio Iglesias refiriéndose a la historia de un caballo mayor que vuelve a encontrar el amor. Y es que para volverse a enamorar la edad no debe ser ningún impedimento. Solo hay que querer.

Asociar el amor con la juventud es algo ingenuo y poco realista. En cada etapa de la vida podemos volver a sentirnos ilusionados, entusiasmados, nerviosos, felices, y con mariposas en el estómago.

En el amor durante la tercera edad existen muchos tabús, sobre todo entre las propias personas mayores, que encuentran que después de enviudar no se tiene derecho a encontrar un nuevo amor. Son muchos los motivos que esgrimen pero hay uno principalmente, basado en el impedimento social, el famoso “qué dirán”. Otra barrera es el entorno, algunos familiares cercanos se oponen a nueva relación “¿mi madre con otro hombre después de la muerte de papá? No lo veo”.

Estos argumentos impiden ir más allá y establece un muro mental entre aquellos que no ven posible volver a enamorarse. Es cierto que muchas veces ese muro se rompe cuando, por casualidad, encuentras de nuevo el amor. ¿Dónde están, entonces, los impedimentos? Solo son productos de nuestra mente y de los obstáculos que no nos permiten hallar la felicidad.

Se deben evitar los obstáculos para ser feliz pues solo pueden producir más tristeza, decaimiento, ansiedad o depresión. Factores, todos ellos, que perjudican la salud y por tanto, nuestra propia vida.

 

VALORAR LOS ASPECTOS POSITIVOS DE TENER UNA RELACIÓN DE PAREJA

No existen mejores consejos que saber cuáles son las cosas buenas que el amor trae a la vida de una persona:

  • La compañía de tu pareja. Tu mejor compañía.
  • El compartir aficiones y gustos (p.ej.: el baile). El placer de hacerlo acompañado.
  • El apoyo en momentos difíciles. El mejor sostén para superarlos.
  • El encuentro con la sexualidad y el deseo. La mejor forma de explorar y conoceros mejor.
  • El no estar solo. Una excelente oportunidad para hacer desaparecer el fantasma de la soledad.

Cuando se llega a la tercera edad, se ha dejado atrás muchos compromisos y responsabilidades: la crianza y el trabajo, fundamentalmente.

Es un momento donde se vive el amor con mayor libertad y sin las ataduras de las obligaciones. Es un tiempo donde se comparte y a la vez, si así se desea, se mantiene cierta independencia. Porque hay muchas parejas mayores que deciden cada uno seguir viviendo en su casa compartiendo tiempo de citas y encuentros, y a su vez, disfrutando de su espacio por separado.  

En esta etapa madura el amor se vive con el tiempo de la mesura, de saber cuáles son las prioridades, de ser conscientes de la relatividad de los sentimientos y del disfrute de las emociones.

En el cine hay muchas películas que nos muestran el amor en la tercera edad. Una de ella es Nunca es tarde para enamorarse, protagonizada por Emma Thompson y Dustin Hoffman donde los protagonistas se reencuentran con sentimientos ya olvidados. Otro film que nos enseña la pasión de volver a enamorarse es «Elsa y Fred», una comedia dramática de producción argentino-española.

Se podría seguir ofreciendo más argumentos de peso para responder a la pregunta de si una persona mayor se puede volver a enamorar pero está claro que el amor, a la edad que sea, no tiene perjuicios. En todo caso, beneficios. ¿Por qué dejarlo escapar?

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