la persona mayor modelo de atención

La deshumanización en el trato a las personas mayores se ha visto plenamente evidenciada durante la pandemia, la cual ha causado además de mortandad y enfermedad, miedo y un sufrimiento indescriptible a las personas de la tercera edad en todo el mundo. Debido a estas circunstancias,  la COVID-19 ha contribuido a que estas personas estén en mayor riesgo de pobreza, discriminación y aislamiento.

La dramática cantidad de fallecidos en residencias de ancianos y muchas situaciones vividas durante la actual crisis del COVID-19 han puesto en la palestra el trasfondo «gerontofóbico», y ha subrayado la preocupante actitud de la sociedad frente a este sector poblacional. Un reflejo de la incongruencia vivida es que se ha ofrecido un discurso de respeto y tolerancia pero la realidad y los hechos ocurridos ha puesto en evidencia que era una falacia.

Muchas instituciones internacionales han reconocido la necesidad y la exigencia de humanizar los servicios y las prestaciones de atención a las personas de la tercera edad. Se ha constatado que en una situación de dependencia y de enfermedad es necesaria dignificar en todos los ámbitos tanto político como económico como cultural los servicios que se prestan a estas personas.

Un modelo de atención a las personas mayores: ¿quién debe ser lo más importante?

Entre las instituciones nacionales se reconoce que debe existir una atención social con acceso universal y equidad en los servicios promocionando la participación y conciencia de toda la comunidad, ofreciendo un modelo de atención integral centrada en la persona.

Porque la persona mayor debe estar en la diana de un modelo de atención capaz de empoderar, de hacerle partícipe y de que pueda tomar decisiones en todos los procesos. Esto implica, por supuesto, ser consciente de la singularidad de la persona y que es necesario centrarse en sus capacidades frente a aquello que la hace dependiente, contribuyendo a su autodeterminación.

El cuidado y la atención a la persona mayor debe hacerse en casa, en el hogar, y cuando esto no sea posible en un entorno similar.

No hay que olvidar, en este sentido, que también es fundamental proteger y valorar el trabajo del cuidador y de la familia, garantizando especialización y profesionalidad.

La persona mayor debe tener una atención personalizada y acorde con sus intereses. Por lo que se hace imprescindible el acompañamiento profesional que cubra las necesidades psicológicas, emocionales y sociales de la persona con el fin de que mantenga su identidad y su autoestima.

Por ello es necesario desarrollar un modelo de atención que sea una respuesta eficaz a la actual pandemia por COVID-19 y que sirva para el futuro. Ha existido una especial vulnerabilidad de las personas mayores, durante este último año, y la fragilidad del actual sistema de cuidados no ha hecho más que perjudicar esta fragilidad. Se debe desarrollar una atención de cuidados eficiente y centrada en la persona mayor, dignificándola.

El hogar es el lugar más idóneo para que la persona mayor disfrute de esta etapa de vida. Por supuesto, que estos lugares deberán ser adaptados, contando con una atención domiciliaria que cubra las necesidades personales (físicas y psíquicas) del paciente, y apoyando y contribuyendo también al bienestar de la familia que cuida de la persona mayor.

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